CIENCIAS EXACTAS Y NATURALES

Hallan en Neuquén un dinosaurio carnívoro gigante del Cretácico Superior

Científicos del CONICET participaron del descubrimiento y estudio del fósil.


Meraxes gigas. Ilustración: Jorge González.
Meraxes gigas. Ilustración: Jorge González. Cráneo de Meraxes. En gris los huesos hallados. Imagen: gentileza equipo de investigación.
Meraxes gigas. Ilustración: Jorge González. Cráneo de Meraxes. En gris los huesos hallados. Imagen: gentileza equipo de investigación. Akiko Shinya, de The Field Museum of Natural History (Chicago), en la excavación del fósil. Foto: gentileza equipo de investigación.
Meraxes gigas. Ilustración: Jorge González. Cráneo de Meraxes. En gris los huesos hallados. Imagen: gentileza equipo de investigación. Akiko Shinya, de The Field Museum of Natural History (Chicago), en la excavación del fósil. Foto: gentileza equipo de investigación. Apesteguía junto a una reconstrucción del cráneo de Meraxes. Foto: gentileza equipo de investigación.

Un equipo de paleontología del CONICET halló los restos casi completos de una nueva especie de dinosaurio carnívoro gigante, perteneciente al grupo de los carcarodontosáuridos. El fósil fue descubierto en un yacimiento de la Formación Huincul, donde afloran rocas del Cretácico Superior de entre 96 y 93 millones de años, cercano a Villa El Chocón (Provincia de Neuquén). El estudio de este nuevo terópodo -grupo de dinosaurios al que pertenecen todas las especies carnívoras-, bautizado como Meraxes gigas, fue publicado hoy en la revista Current Biology.

“En esta formación ya se habían encontrado otros dinosaurios gigantes como Argentinosaurus huinculensis, que es uno de los dinosaurios herbívoros más grandes que se conocen en el mundo. En cuanto al grupo de los carcarodontosáuridos, al que pertenecen los más grandes dinosaurios carnívoros de todos los tiempos, de rocas patagónicas del mismo período son Taurovenator (también de la Formación Huincul, pero del lado de Río Negro) y Mapusaurus roseae. Mientras que Giganotosaurus carolinii, el más grande terópodo conocido hasta ahora, fue hallado en un yacimiento neuquino algunos millones de años más antiguo”, expresa Juan Ignacio Canale, primer autor del artículo e investigador del CONICET en el Museo “Ernesto Bachmann” de Villa El Chocón.

El descubrimiento tuvo lugar en 2012 en el marco de una campaña financiada por The National Geographic Society, la Municipalidad de Villa El Chocón, la Fundación Azara y The Field Museum (Chicago, EEUU). Las excavaciones necesarias para la extracción de los restos requirieron de cuatro campañas anuales de entre dos y cuatro semanas cada una, debido al gran tamaño de los huesos.

El estudio del fósil fue liderado por Canale, especialista en dinosaurios carnívoros, quien estuvo acompañado en esta tarea por los investigadores del CONICET Sebastián Apesteguía y Pablo Gallina, ambos de la Fundación de Historia Natural Félix de Azara, así como por otros paleontólogos y paleontólogas de Argentina, Estados Unidos y Canadá.

 

Características del esqueleto

El esqueleto de Meraxes es el más completo de un carcarodontosáurido sudamericano y uno de los más completos descubiertos en el mundo. El espécimen tiene unos once metros de longitud y se estima que pesaba alrededor de cuatro toneladas. En este sentido, aunque es un par de metros más pequeño que GiganotosaurusMeraxes se encuentra entre los dinosaurios carnívoros de mayor tamaño registrados hasta el momento.

Entre los huesos encontrados se hallan un cráneo casi completo -el más completo para cualquier miembro conocido del grupo de los carcarodontosáuridos más derivados- aunque sin las mandíbulas, vértebras fragmentarias del cuello y la espalda, el sacro completo, varias vértebras de la parte primera y media de la cola, la cintura pectoral (el omóplato o escápula y el coracoides) con los brazos y la cintura pélvica con las patas posteriores.

El estudio de las características anatómicas del animal reveló además que Merxes poseía una cabeza de gran tamaño, de unos 127 centímetros de largo, con protuberancias, crestas y surcos, mientras sus dientes tenían el tamaño de cuchillos.

La posibilidad de disponer por primera vez del cráneo casi completo de un carcarodontosáurido permitió también a los especialistas calcular el tamaño del cráneo de Giganotosaurus, cuya longitud fue estimada en 163 cm.

Otra de las particularidades de Meraxes es que en las vértebras que están por encima de su cintura pélvica (las vértebras sacras), las espinas dibujan un contorno semejante al de una silla de montar.

Los huesos de los pies de Meraxes, robustos y con fuertes uniones ligamentarias entre sí, estaban preparados para sostener el elevado peso del enorme dinosaurio carnívoro. Su dedo interno estaba coronado por una gran garra con un borde afilado. “Esto demuestra que no solo usaba su cabeza como arma, sino también sus pies” expresa Apesteguía.

 

El pequeño tamaño de los brazos

Más allá del enorme tamaño de su cuerpo y cabeza, los brazos eran llamativamente cortos, similares a los de una persona. Esto permitió a los investigadores acercarse a comprender mejor un fenómeno que parece ser común a varias de las formas más evolucionadas de terópodos, aunque el proceso se haya dado de manera independiente en distintos linajes.

“Si bien existía la hipótesis de que las formas más derivadas de los carcarodontosáuridos tenían brazos bastantes cortos en comparación con lo que pasaba con las formas más basales (o tempranas) del mismo grupo, los restos de brazos que se habían encontrado de este tipo de carcarodontosáuridos -que son los de mayor tamaño- eran muy incompletos. El hallazgo de los brazos casi completos de Meraxes parece confirmar esta hipótesis. Lo que nosotros encontramos, en este sentido, es que existe un patrón común a tres grupos de terópodos diferentes, carcarodontosáuridos, tiranosáuridos y abelisáuridos, de acortamiento de los brazos y agrandamiento de la cabeza”, explica Canale.

De acuerdo con los especialistas, este proceso se habría dado de manera independiente y convergente. La hipótesis de los investigadores es que el acortamiento de los brazos es un subproducto del aumento del tamaño de la cabeza de estos dinosaurios carnívoros.

“Probablemente, las formas más evolucionadas de estos tres linajes de terópodos realizaran todas las actividades vinculadas a la predación con la cabeza, a diferencia de las especies más primitivas en las que los brazos debían tener un rol más activo”, indica Canale.

No obstante, los paleontólogos creen que los brazos pequeños debieron cumplir algún tipo función. “Una hipótesis propuesta por otros es que los usaban para levantarse del suelo, otra que estos pequeños brazos ayudaban a los machos a mantenerse sobre las hembras durante la cópula, aunque yo no creo que podamos saberlo nunca”, acota Apesteguía.

 

Un dinosaurio anciano que murió en una zona barrosa

“Gracias a estudios de paleohistología se pudo ver que el individuo hallado tenía al momento de su muerte alrededor de 45 años -entre 39 y 53-, lo cual lo convierte en uno de los dinosaurios carnívoros más viejos de los que se tenga registro, porque incluso los Tiranosaurios rex más ancianos que se conocen vivieron entre 30 y 33 años”, afirma Apesteguía.

De acuerdo a la estimación de los especialistas, Meraxes murió en una zona barrosa cercana a un río y sus restos se descompusieron en ese mismo lugar. Algunos de los huesos que quedaron de este dinosaurio carnívoro se hallaban en parcial articulación, es decir, en conexión anatómica. Otros, en cambio, se encontraban sueltos en la roca, pero en su sitio esperado, dejando en claro que sufrieron algún leve movimiento o transporte por el agua antes de quedar enterrados en su posición definitiva. Aunque los huesos de este dinosaurio quedaron enterrados en un suave lodo, el curso del río cercano cambió y trajo arena, depositando encima del nivel barroso de los huesos una gruesa capa, que se ve hoy compactada como dos metros de roca arenisca, que debió ser perforada con mucho trabajo para extraer los huesos.

Los materiales fósiles originales de Meraxes gigas, así como el resto de los fósiles procedentes de la zona, se hallan depositados en el Museo Municipal de Villa El Chocón ‘Ernesto Bachmann’.

Por Miguel Faigón

 

Referencia bibliográfica

https://doi.org/10.1016/j.cub.2022.05.057