24 DE MARZO

24 MARZO / Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia / De escenario del horror a sitio de memoria: un equipo interdisciplinario estudia la ESMA en sus múltiples dimensiones


Marina Franco y Claudia Feld conversan sobre el proyecto de investigación de la ESMA. Foto: Federico Lisorski/ CONICET Fotografía.

Pasaron cuarenta y cuatro años del inicio de la última dictadura cívico-militar argentina y todavía siguen develándose los mecanismos del terror con los que operaron las Fuerzas Armadas en lugares como la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). Aquel cúmulo de edificios militares ubicado en plena Avenida Libertador, en el corazón de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires -reconvertido en 2004 en Espacio de la Memoria y los Derechos Humanos-, fue quizás el más emblemático de los más de quinientos centros clandestinos de detención montados para el plan sistemático de desaparición de personas. Allí se secuestró, torturó y recluyó a más de cinco mil detenidos desaparecidos, de los que sobrevivieron menos de doscientos. Sin embargo, todavía se sabe poco de las complejas formas de represión que ocurrieron puertas adentro del cautiverio en la ESMA: de los atroces mecanismos de “recuperación” de prisioneros, de la participación de civiles, de los delitos económicos que se pergeñaron dentro de ese predio.

“Tenemos la impresión de saber mucho del funcionamiento de la ESMA, y en realidad no sabemos tanto”, asegura la investigadora del CONICET Marina Franco, que desde hace varios años lidera el Núcleo de Historia Reciente del Instituto de Altos Estudios Sociales (IDAES). “La memoria -completa su colega e investigadora del Consejo, Claudia Feld, impulsora del Núcleo de Estudios Sobre Memoria que funciona en el Instituto de Estudios Sociales (IDES)- trabaja con clichés y mensajes sencillos de entender, que son los que permiten transmitirse. A veces, en el medio se pierden cosas importantes, que los que trabajamos con la historia reciente creemos que es necesario recuperar. Por eso iniciamos este proyecto”.

El proyecto al que se refiere es el que dirige Franco desde 2017 e integran otras dos investigadoras como responsables además de Feld: Luciana Messina y Valentina Salvi. Se trata de un estudio interdisciplinario financiado por la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica en el que hicieron confluir dos grupos de estudios. “Por ser un universo tan inmenso, para estudiar la ESMA necesitábamos ser muchos”, aclara Feld. En total, participan diez científicos y científicas del CONICET –provenientes de disciplinas como Sociología, Antropología, Comunicación, Historia-, que están estudiando la ESMA tanto como centro clandestino como en su devenir como sitio de memoria. El equipo ya tiene publicados varios papers y el resultado final, que prevén tener listo para 2022, será una serie de libros con las conclusiones. “Todos nosotros veníamos investigando de manera aislada –agrega la científica del IDAES-, y de repente se nos hizo evidente que faltaba una investigación académica, sistemática, interdisciplinaria y de larga duración que permitiera pensar la ESMA en sus múltiples dimensiones”.

La memoria en construcción y los clichés

¿Por qué la ESMA? ¿Por qué no otro centro clandestino? La duda germinal no tiene una sino varias respuestas: “En primer lugar La ESMA es el sitio más evocado como centro clandestino durante la dictadura y el más conocido internacionalmente hoy como emblema de la memoria, que figura en las guías de turismo internacionales”, señala Franco.

Fueron varios los factores que, según las expertas, erigieron a la ESMA como punto de referencia: su ubicación privilegiada en la ciudad, la cantidad de personas que estuvieron allí en cautiverio clandestino, la resonancia de la máxima figura responsable, el comandante de la Armada Emilio Massera, y de otros represores como Alfredo Astiz, las personas icónicas que fueron víctimas de la represión entre sus muros: las Madres de Plaza de Mayo secuestradas en la Iglesia de la Santa Cruz, las monjas francesas Léonie Duquet y Alice Domon, Norma Arrostito, y también Rodolfo Walsh, que fue llevado allí después de ser asesinado. “Los primeros grandes testimonios de repercusión internacional sobre la desaparición salieron de la ESMA. Eso hizo que rápidamente fuera conocida públicamente, adentro y afuera del país. Incluso en la visita que hizo la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a la Argentina, en 1979, visitó la ESMA. Yo creo que la dimensión internacional es importante y fue un factor que la erigió como un lugar realmente emblemático”, asegura la científica.

La ESMA, además, es el sitio que por antonomasia está asociado a los “vuelos de la muerte”: aquella estrategia cruel con la que se asesinó a muchos de los que permanecían en cautiverio. “Esa asociación con la ESMA es algo que tiene que ver justamente con la construcción memorial”, aclara Franco, teniendo en cuenta que en realidad los vuelos de la muerte también se realizaban desde otros lugares, como Campo de Mayo. “De todas formas –señala Feld-, un punto fuerte de nuestra investigación apunta a que en la ESMA pasaron cosas que fueron particulares para pensar el nivel atroz de destrucción que implicó el sistema de desaparición forzada de personas”.

Algunos de los hallazgos de la investigación que ya han publicado en papers tienen que ver con esos niveles de atrocidad que van descubriendo a medida que revisan las fuentes de las que se nutren: los expedientes judiciales de la megacausa ESMA, los legajos de los represores, los archivos desclasificados de la diplomacia internacional, los testimonios judiciales y los propios que recaban, la prensa de la época. “Comprendimos, por ejemplo, que se tiende a creer en el cliché de que el centro clandestino de detención era un lugar cerrado en sí mismo, tabicado, sin conexión con el exterior –explica Feld-. Pero al analizar los testimonios de muchos de los sobrevivientes, que los hubo si bien fueron una minoría respecto de los que fueron desaparecidos en la ESMA, algunos de ellos trabajaron o fueron parte de lo se llamó ´proceso de recuperación´”.

Dicho proceso fue el nombre cínico dado por el grupo de tareas, para someter a algunos secuestrados y secuestradas que ya habían sobrevivido a la tortura en la ESMA y a quienes se les asignó tarea vinculadas o bien con acciones de propaganda dictatorial o del proyecto político personal de Massera, o bien con la manutención de la ESMA, o con los delitos económicos que se llevaban adelante. Tanto Feld como Franco se preguntan, a partir de esos casos particulares, cómo pensar la situación de esos sujetos que no estuvieron relegados a la inmovilidad y a la oscuridad del centro clandestino de manera constante y sufrieron otro tipo de torturas. En ocasiones hasta eran llevados a visitar a su familia, acompañados por los propios represores, o eran llevados a casa quintas de los marinos: sobre ellos pendía, de manera constante, la amenaza de muerte.

“Esa es una nueva forma de perversidad, una dimensión que casi no está académicamente explorada, y es algo que estamos tratando de pensar a partir del caso de la ESMA”, advierte Franco. “Nos permite alumbrar la complejidad de la represión en Argentina, entenderla más cabalmente corriéndose de la sola idea de que todo fue secuestro, tortura y asesinato. Si bien mirar este proceso complejo y estas relaciones no implica dejar de pensar, ni por un segundo, que fueron parte un sistema de destrucción humana”.

Un prisma

La primera etapa del proyecto, que comprende la dimensión de la ESMA como sitio clandestino -que están realizando actualmente- navega por varias líneas de investigación en paralelo: un objetivo es indagar en la estructura de la institución militar dentro de la ESMA. También en aquel “proceso de recuperación” y en las interacciones entre víctimas y victimarios, incluyendo una línea que estudia puntualmente la perspectiva de género: “Las mujeres tuvieron formas de sometimiento particulares y terriblemente perversas, desde la violencia sexual y el abuso directo hasta la obligación de mantener relaciones como si se tratara de parejas con algunos jerarcas dentro de la ESMA”, precisa Franco, “y eso lo queremos estudiar también como parte de las formas de destrucción”.

Otro aspecto en análisis son las relaciones de la ESMA con el exterior. “En la ESMA se produjeron una gran cantidad de materiales publicitarios y escritos que se usaron en el exterior para publicidad sobre la dictadura, como por ejemplo la famosa campaña antiargentina”, dice Feld. Además, algo que incluirán es la apropiación de bienes que sucedió en la ESMA. “Nuestra hipótesis –apunta Franco- es que en la ESMA eso dio un salto cualitativo, porque no es que robaban el televisor de un desaparecido, sino que se robaba a gran escala. En parte por tener secuestrados a los sectores de las finanzas de Montoneros, los militares se apropiaron de bienes de gran escala: millones de dólares, armas, cuentas en el exterior, pero también decenas de propiedades de los secuestrados que pasaron por allí, y con todo eso se crearon empresas. Y eso nos lleva a pensar que todo lo que sucedió adentro de la ESMA incluyó, en sus distintos engranajes, una gran cantidad de civiles, porque las apropiaciones de bienes dependieron de escribanos y abogados que hicieron esas escrituras y aceptaron firmas falsificadas o que los desaparecidos cedieran sus propiedades”.

Para la segunda etapa, que comprenderá el modo en que la ESMA se reconfiguró a partir de la vuelta de la democracia, el equipo de investigación puntualizará en los distintos hitos que la llevaron a convertirse en sitio de memoria: la declaración pública del represor Aldolfo Scilingo en 1995 admitiendo que la Armada argentina realizaba los “vuelos de la muerte”; la intención del ex presidente Carlos Menem de demoler por decreto la ESMA, desestimada a partir de la acción de los organismos de Derechos Humanos; la declaración de la ESMA como sitio patrimonial para la memoria en el año 2000; su transformación en espacio para la memoria en 2004, bajo la presidencia de Néstor Kirchner; y la apertura de la causa ESMA, devenida en el proceso judicial más grande de la historia argentina.

“La ESMA para nosotras es un prisma, porque tiene una historia particular pero a la vez nos permite revistar todas las etapas de nuestra vida colectiva en torno al terrorismo de Estado hasta llegar a la construcción de una memoria antidictatorial”, explica Franco. Feld agrega: “Al reunir tantas aristas, sirve para pensar problemas que después pueden pensarse para otros centros clandestinos. Lo que nos permite la ESMA, en síntesis, es pensar un montón de cosas más allá de la ESMA. Además, es inagotable: hace muchos años que es nuestro objeto de estudio, y la complejidad y la escala de lo que sucedió ahí nos sigue sorprendiendo como científicas”. Ambas entienden que la investigación tendrá futuras etapas, y lejos de cerrarse, abrirá nuevos interrogantes. “Siempre van a aparecer nuevos documentos –confía Feld-. Yo estoy esperando ansiosamente que se desclasifiquen los archivos del Vaticano. Cuando eso suceda, por ejemplo, vamos a saber mucho mejor qué pasó con las monjas francesas. Falta mucho por saber. Va a haber mucho conocimiento nuevo”.

Integran el equipo de investigación: Marina Franco (directora), Soledad Catoggio, Hernán Confino, Adriana D’Ottavio, Claudia Feld, Rodrigo González Tizón, Julieta Lampasona, Florencia Larralde Armas, Luciana Messina, Esteban Pontoriero, Valentina Salvi, Dolores San Julián, y colabora Facundo Fernández Barrio.